Alfredo

Hoy me vino una avalancha de recuerdos que iniciaron en la alberca del deportivo, poco después de haber llegado a Oaxaca.

Hay tantas cosas que guardo en el álbum de recuerdos de mi corazón: que fueras tanto tiempo mi compañero de la banca de al lado; hasta aprendiste a escribir con mi letra para que te hiciera los apuntes y que los maestros no se dieran cuenta… las clases de teatro… los concursitos de canciones en el vocho cuando regresábamos de paraescolares… los paseos en tu moto… las clases de manejo en estándar… las de manejo de moto, aunque nunca aprendí… las tardes en casa de Luis Javier o en mi casa, estudiando para mate, para filosofía… el viaje con Silvino y Luis Javier a CDMX… aquél en que fuimos a Pachuca al nacional de teatro… la Navidad o Año Nuevo en tu casa, ya no me acuerdo qué fue… la vez que me llevaste a mi casa después de cuatro desarmadores… nuestros paseos en la Zona Rosa de la CDMX… las sesiones de fotografía… las confidencias…

Hoy estuve en shock cuando leí la noticia de tu muerte. Pensaba en ti, en la última vez que hablé contigo hace unos meses, cuando, estupefacto, me diste las gracias por algo que hice por ti. Como si yo hubiera olvidado todas las veces que tú estuviste ahí para mí.

Te estoy llorando, amigo, pero como le dije a Ceci Bravo en la mañana: “Se vale llorar por el amigo que ha partido, por la añoranza de los momentos vividos, pero siempre sin olvidarnos de agradecer haber coincidido con alguien que tocó muchas vidas, incluidas las nuestras”, incluida la mía.

Gracias, mi Alf, mi Manfredo Maravilla, mi amigo, mi hermano del alma. Gracias por haberme querido tanto, por aceptarme y amarme tal cual soy. Bien sabes que fuiste correspondido y que siempre ocuparás un lugar muy especial en mi corazón.

Salúdame a Goly y a Luis Javier.
Hasta siempre, amigo. Hasta que nos volvamos a ver.

Escrito el 9 de enero de 2023.

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