El “Siii, aaaa-moooo” de cada día (léase con voz de Igor)

Todo lo que hacemos sirve a uno de dos amos —y ya lo dice el viejo y conocido refrán «el que a dos amos sirve con alguno queda mal»—. Este amo puede ser: el ego o el amor. ¿Por qué? Porque en algún momento —consciente o inconscientemente— así lo elegimos. Y para saber a cuál de ellos sirves hoy, basta con observarte.

Sirves al ego cuando crees que eres tu título universitario, la cantidad que guardas en tu cuenta bancaria o los logros que acumulas. Cuando piensas que, para que algo salga bien, lo tienes que hacer tú. Cuando buscas culpables de lo que te sucede, cuando vives en el pasado o en el futuro. Cuando te preocupas, sufres, temes, te enojas por todo (o peor: por nada). Cuando envidias lo que otros tienen o te presionas porque a estas alturas de tu vida ya deberías haber logrado __________ (llene la línea punteada). Cuando necesitas controlar todo y a todos, cuando te invade la prisa y crees que si no haces algo estás perdiendo el tiempo. Cuando das esperando recibir, cuando te sientes culpable… La lista podría seguir.

Sirves al amor cuando eres feliz sin razón, cuando sientes paz, cuando disfrutas tu vida y compartes tu alegría. Cuando eres bondadoso, compasivo, amable, amistoso, humilde. Cuando habitas el momento presente y confías en que estás justamente donde debes estar, haciendo lo que te corresponde —según una maestra que tuve, siempre estamos o donde más servimos o donde más aprendemos—. Cuando, en lugar de juzgar a otros, reconoces que detrás de su conducta hay un pedido de amor y respondes con amor. Cuando das sin esperar nada a cambio (ni siquiera las gracias) y no sientes que pierdes por hacerlo. Cuando amas sin condiciones, cuando puedes ver la inocencia en cada ser de esta tierra —de esto hablaremos después—, cuando simplemente eres.

¿Y si descubres que sirves más al ego que al amor? No te culpes: esa sería otra forma de servir al ego. Sólo reconoce que «se te fue» y retoma tu camino a vivir desde el amor. Y si como dice la canción «tropecé de nuevo y con la misma piedraaaaa», recuerda que siempre puedes elegir de nuevo.

¿A qué amo estás sirviendo hoy?
Puedes ser honesto, porque no es examen.
Si te sirve saberlo, a mí también se me va… a todos se nos va.

Pero el amor es paciente y siempre espera. Por eso, cuando —cual hijo pródigo— decides volver, te reconoce, porque el amor no está afuera: es lo que eres. Y cada vez que vuelves a él, vuelves a ti.

Deja un comentario