Marcela, la primera

Noemí Marcela era el nombre con el que me vendieron a mi primera hermana, a la que debió atribuirse el título de «mi hermana mayor». Ése era el nombre que estaba escrito en la lápida de la tumba que visitábamos de niñas en el Panteón General de Oaxaca, cuando en domingo le llevábamos flores.

Es curioso, mi mamá siempre se refería a Noemí Marcela como tu hermanita Noemicita. Siempre supe que existió, no es que hubiera sido un secreto, pero existió de una forma rara. Creo que el que mi mamá dijera que era mi hermanita, cuando en realidad era mi hermana mayor, respondía al hecho de que hubiera muerto a los 5 días de nacida. Tenía un problema congénito en la arteria aorta, así que ese tiempo vivió dentro de una incubadora. Mi mamá y mi abuelita Victoria decían que cuando la sacaban de la incubadora se ponía azul porque no podía respirar, aunque en realidad no entiendo cómo.

Nunca lo había pensado hasta hace poco. Debe haber sido triste para ella que su madre no la hubiera cargado ni tampoco la hubiera amamantado, que era lo natural. ¿Un bebé siente tristeza? No lo sé, pero si no sintió tristeza, tal vez sí sintió frío, soledad, porque después de estar 9 meses en el cálido vientre de tu madre van y te meten a una incubadora…

De ella sólo había una foto. No sé quién la tomó, pero estaba acostada boca arriba sobre una cama, vestida con ropa blanca y sobre ella una colchita también blanca. Hasta donde sé, la foto la tomaron cuando ya había fallecido, alguien tomó la foto un poco de lejos, no sé quién fue. A mi hermana Gaby y a mí nos decían que parecía un angelito dormido.

A pesar de haber ido al panteón no sé cuántas veces y de haber visto esa foto, en realidad nunca se le dio un lugar en mi familia, porque Noemicita nunca existió. Hace unos años, haciendo mi árbol genealógico encontré en internet su acta de defunción. Es raro, se siente raro, como un escalofrío, ver tu nombre escrito en un acta de defunción cuando tienes 58 años. Su nombre no era Noemí Marcela, era sólo Marcela.

Aunque yo tuviera 6 años, ella no era mi hermanita, porque no era más chiquita que yo, aunque hubiera fallecido a los 5 días siendo un bebé, era mi hermana, era la mayor. Y no era mi hermanita Noemicita, era mi hermana Marcela o, si acaso, mi hermana Marcelita.

Siempre me he preguntado, de haber vivido, ¿cómo hubiera sido su vida? Pero ahora que lo pienso mejor, la pregunta no es ésa. La pregunta es ¿quién sería yo? Porque ni siquiera me llamaría Marcela. Yo, como Marcela, no existiría.

Crecí ocupando un lugar que no era mío del todo, porque no empezó conmigo y el nombre que me dieron ya tenía historia.

Mi hermana mayor sí existió. Se llamaba Marcela. Y yo… soy la que vino después: Marcela, la tercera.

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